jueves, 6 de enero de 2011

San Felipe no fue el unico

El Beato Bartolomé Gutiérrez también

Al estar escribiendo acerca de las relaciones del primer país américano, México, que tuvo contacto con Japón, acudió a mi mente además de San Felipe de Jesús, el recuerdo de otro Santo Mexicano, escasamente conocido y que por supuesto no se le ha hecho justicia.
Recuerdo ya vagamente que éste Apóstol MEXICANO arribó al Japón en 1612, dedicándose primeramente al estudio del idioma de éste país; que fue designado Prior del Convento de Usuki en 1613; que el Emperador Japonés ordenó fueran expulsados del Imperio; que expulsado como fue, llegó a Manila, en donde se hizo cargo de los novicios de su Orden.
A mi mente vino su gran esfuerzo de oración y ayuno para que Dios lo regresase al Japón; fue así que en 1617 llegó a Manila una carta dirigida al R.P. Provincial de la Orden de San Agustín suscrita por muchos fieles en la que referían el martirio que padecía el Padre Fernando de San José y le solicitaban le fuera enviado como apoyo al Padre Bartolomé Gutiérrez.
El Padre Provincial ordenó que el Padre Mexicano fuera acompañado por el Padre Pedro de Zuñiga en su viaje al Japón; fue en 1618 en el mes de Agosto que llegó a su destino.
Fueron quince años de sufrir persecuciones, vivir disfrazado y oculto en casas retiradas. Vivió rodeado de peligros, angustiado, afligido, vestido pobremente, sufrió hambres, frío, fuertes calores, a grado tal que solo conservaba su piel cubriendo su osamenta.
Hubo innumerables prodigios de éste Varón, cuéntase que en una ocasión sus perseguidores al quererlo atrapar, pasaron frente a él y no lo vieron; en otra ocasión entraron a su cuarto que no tenía muebles y estando él en un rincón, no lo vieron; que en otra ocasión llevándolo sus captores a la orilla de un monte a punto de arrojarlo a la falda del mismo, se les desapareció de sus manos, no lo vieron, escapándose al dar media vuelta y pasar entre sus captores sin ser visto.

En Agosto de 1629 empezó a reinar Tacánaga en Bungo a quien los Bonzos habían confiado el poder apresarlo. El 10 de Noviembre de 1629 fue detenido y de inmediato fue esposado y cargado de cadenas para ser conducido a la cárcel de Nangasaki, cuatro días después estaba acompañado en la prisión por el Padre japonés Antonio Pinto. El día 18 los acompañó el Padre Francisco de Jesús, días más tarde llegó el Padre Vicente Carvallo.
Durante esos días escribió el Beato varias cartas, narrando entre otras cosas, la relación de los martirios de sus Hermanos, como el del Beato Pedro de Zúñiga Una de ellas se conservaba hacia finales del Siglo XIX en el Convento de San Agustín de Morelia que era la casa Matriz de la Provincia de Michoacán
Aún en la cárcel, confesaban, catequizaban, bautizaban e instruían. Convirtió al catolicismo a un Bonzo y a un Juez (comisario real).
El 25 de Noviembre de 1629 fue conducido a las ardientes aguas del Lago del Ungen; además de ser martirizado en el trayecto, tuvo que permanecer treinta y un días en las dichas aguas del Lago. Aunado a los tormentos, para hacerles perder su fé, Tacánaga les presentó varias mujeres desnudas ofreciéndoles placer, pero ello no perturbó sus votos.
El Rey al ver que nada podía hacer ordenó que los presos fueran conducidos nuevamente a la cárcel de Nangasaki en donde permaneció preso el Beato Mexicano desde el 5 de Febrero de 1632 hasta el tres de Septiembre del mismo año, día en que a la edad de cincuenta y dos años fue quemado a fuego lento,
A México llegaron varias reliquias suyas y hubo varias señales de su Santidad pero fue hasta el 7 de Julio de 1867 en que Pio IX lo beatificó.

Se le asignó el 2 de Marzo de cada año como fiesta para él
Eran tiempos en que La Catedral estaba en México.
Ya no existen guías espirituales como él, ¿cómo queremos que nos vaya bien? ¡Si no honramos a nuestros héroes! ¿cómo queremos que los jóvenes nos respeten? ¡Si no les platicamos de nuestros antepasados!


Autor: Ing. Federico Juárez Andonaegui

lunes, 20 de diciembre de 2010

La alegria de la Navidad


4°Adviento, 19 Diciembre. 2010.
  Is. 7: 10-14; Salmo 23; Rom. 1: 1-7; Mt. 1: 18-24.
 
  Ha llegado el tiempo prometido: el universo entero se alegra y lo muestra: cielos, nubes, tierra, todo se abre para recibir al Salvador; la preparación inmediata se acerca al término, ¿faltará algo más cercano a nosotros mismos, a nuestro interior, a nuestro acercamiento “salvador” para ser como Él, salvadores?
 
  El compromiso ha ido creciendo, al menos en el conocimiento, pidámosle que englobe a la decisión de no solamente esperarlo sino recibirlo y precisamente en los demás. La ejemplaridad que nos deja cada una de sus huellas, está patente: Encarnación, Nacimiento, Entrega incondicional a la Voluntad del Padre, Pasión, Muerte, pues únicamente siguiéndolo paso a paso, llegaremos a la Gloria de la Resurrección: promesa, consuelo y realidad.
  “La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros.” 
 
  Siglos de espera esperanzada con la seguridad que da la Palabra del Padre, que, al contemplarla realizada, nos impulsa a reconocer: “Ya llega el Señor, el rey de la gloria.” Llegó para quedarse; vino para que experimentáramos intensamente la libertad en la aceptación, una vez más, del compromiso de “proclamar el Evangelio”, de vivir de su Palabra en la meditación y el conocimiento de las Escrituras; de llenarnos diariamente del asombro de lo inconcebible: Dios Hombre como yo, Jesucristo Hijo de Dios para que yo también lo sea; Jesucristo “Camino, Verdad y Vida”, único acceso al Padre: “Nadie va al Padre si no es por Mí.”  Y para que no ponga reparos, se hace “pobre, débil y pequeño como yo”, para que comprenda que soy “llamado a pertenecer a Cristo Jesús”, de quien provienen “la Gracia y la Paz de Dios nuestro Padre”. Sólo así celebraremos el Misterio, el Amor, la cercanía, “la vocación a la que hemos sido llamados.”
 
  San Mateo, en el Evangelio, nos descubre tres interioridades de las que necesitamos aprender para superar incógnitas, angustias, mensajes que parecerían incomprensibles: “Jesucristo que no se aferra a su dignidad de Dios y se hace uno de nosotros.”  
  María, que acepta ser ese “puente” maravilloso que vuelve a unir a la humanidad con Dios, mediante una respuesta, considerada humanamente, impensable: Virgen y Madre; fe que deslumbra y conforta.
 
 José: “hombre justo”, dubitativo, desconcertado ante “la realidad que se le presenta”, pero al estar lleno de Dios, da el paso “más allá de la lógica”, accede y recibe lo más maravilloso que ni siquiera podía imaginar: a Jesús y a María. ¡Qué incomparable compañía! 
 
  En estos últimos días antes de celebrar la Navidad, con la fuerza del Espíritu, esmerémonos en prepararnos para el Encuentro de Jesús, María y José; que la fiesta exterior brote de la alegría interior que la guíe y la pinte con los mejores colores: Paz y Alegría sin límites.


Autor: Ing. Federico Juárez Andonaegui

martes, 14 de diciembre de 2010

AMÓS

Amós
Amós vivió a mediados del Siglo VIII A de C. Era Pastor natural de Tecoá, pueblo situado a 9 kilómetros al sur de Belén y a 16 kilómetros al sur de Jerusalén.  Todo ello en el reino de Judá.
Es un profeta de la Justicia social. Manifestó ¡el fin ha llegado!, debido a la acumulación de la riqueza en unos cuantos y el crecimiento del proletariado.
Eran los tiempos del Rey Jeroboam II (782 -753) en el reino del norte, en su mandato hubo progreso en base a la opresión de los pobres (la mayoría, que se vende por un par de sandalias (AM 8, 6))
Amós emplea la Lógica (3, 1-8), el sarcasmo (4, 4-5) y la repetición (4, 6-11), para lograr su cometido. La audiencia escuchará siempre a los que lloran por ellos, a los que interceden a su favor.
Amós era “noqued”, término “ugarítico” que significa a cargo de los pastores del templo”, es un equivalente a oficial de culto; lo cual es muy diferente a pastor de ovejas. Aunque se ha traducido como pastor y cultivador de ovejas (Am 7, 14)
Siempre empleó la fórmula “así ha dicho Jehova” o “dice Jehova el Señor”.
Los sermones del Profeta se pueden dividir en tres secciones principales:
Juicio sobre las naciones (1, 1-2, 16)
Verificación del juicio de Dios sobre Israel.
Visiones y exhortaciones del fin (7, 1-9, 15)
Amós denuncia la situación religiosa, la cual es muy deteriorada, pues la gente es ya mas bien idolatra. Son materialistas, adoran dioses, les importa solo el dinero y “su bienestar” físico. cuidan el tanto tienes tanto vales.
Amós insiste en que no basta con ir a las celebraciones del culto en los santuarios, hay que tratar justamente al hermano (Am 4, 4 -13).
Solicita un cambio radical en la conducta del pueblo, lo cual le acarreó graves dificultades. Ante Amasías, sacerdote en Betel, es acusado de conjurar en contra del rey. Por lo mismo es expulsado de Israel y regresa a su tierra Judá, en donde se pierde toda pista y ya no se sabe mas de él


Autor: Ing. Federico Juárez Andonaegui